17 DE OCTUBRE DE 1945: DÍA DE LA LEALTAD

Celebramos el hito fundacional del Movimiento Nacional Justicialista que habilitó una nueva era en la vida social, política y económica de la Argentina. El 17 de Octubre fue el inicio festivo, alegre y espontáneo de una revolución pacífica que le dio al peronismo un sentido místico que perdura hasta hoy, 76 años después.

Juan Perón y el peronismo, fueron producto de un momento histórico. Las consecuencias económicas y políticas de la segunda guerra mundial, la lucha por la independencia de los pueblos colonizados y sometidos por las grandes potencias imperialistas, al igual que las fuerzas sociales que despertaban en la Argentina, se combinaron con la crisis del modelo económico liberal agro-exportador oligárquico, para crear una encrucijada en la cual el Movimiento Nacional tomó forma bajo la dirección de un Líder, cuyo genio consistía en interpretar, comprender y encarnar lo que el pueblo necesitaba y quería.

Toda esta historia nace aquel 17 de Octubre de 1945. Hoy se cumplen 76 años de aquél día de enorme trascendencia para nuestra historia.

La Argentina previa al peronismo

A mediados de la década del ‘40, llegaba a su fin la llamada Década Infame, signada por el fraude, los negociados y el descrédito de los partidos políticos.

En esta época, causa en parte del aislamiento producido por la Segunda Guerra Mundial y de los efectos de la gran crisis del ‘30, se había alentado el crecimiento industrial basado en la sustitución de importaciones. En el seno de la sociedad, surgió una poderosa clase trabajadora fabril, manufacturera, como resultado del desarrollo económico y de las migraciones internas del campo a las grandes ciudades.

En 1943 el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) depuso al gobierno civil. Un tiempo después, el entonces Coronel Perón que integró el GOU, asumió como Secretario de Trabajo y Previsión Social del nuevo gobierno.

Perón generó, desde allí, las condiciones para expresar los anhelos del pueblo y darle cohesión y contenido al movimiento de trabajadores. Para ello, impulsó el movimiento sindical, promulgó nuevas leyes sociales, reformó las existentes y avaló la creación de nuevos sindicatos. Rápidamente alcanzó un importante prestigio y apoyo entre los sectores obreros.

Pero los cambios sociales inaugurados no eran suficientes. Hacía falta conquistar el poder, asumir el gobierno y controlar los resortes del Estado; y lograrlo por medios democráticos, para alcanzar así la mayor legitimidad y solidez de la revolución en marcha. El objetivo principal para lograr ese avance, era derrotar a los intereses de la oligarquía, el imperialismo y toda la vieja política de entonces que se oponía abiertamente a esa nueva Argentina que estaba naciendo.

El hecho maldito del país burgués



Según crecía el poder de Perón, aumentaban sus enemigos entre las Fuerzas Armadas. El equilibrio de fuerzas dentro del Ejército se quebró y ello desfavoreció al entonces Coronel Perón, que fue obligado a renunciar al gobierno y luego detenido, acusado de intentar desestabilizar al orden surgido en aquél contexto. La oligarquía se disponía a retomar el control del poder. Los enemigos de Perón no pensaban rendirse ni entregarle el poder al pueblo. Fue entonces cuando la historia de nuestra Patria encontró su bisagra.

El 17 de octubre de 1945, se produjo un movimiento prácticamente espontáneo que desbordó a los dirigentes y le dio al peronismo un sentido místico que perdura hasta hoy.

A partir de aquél momento, la historia cambió. Y comprender gran parte de nuestra historia nacional implica tener en cuenta éste factor determinante, sea cual sea la posición política que se tenga.

Los dirigentes que gestaron el 17 de octubre eran laboristas, radicales, nacionalistas, forjistas, socialistas, católicos militantes e incluso comunistas y anarquistas. Era un movimiento emergente sin cuadros políticos propios ni militantes, sin estructura partidaria, sin la disciplina ni el oficio propio de los políticos experimentados. Era solamente el carisma, la conexión mágica, inexplicable para los hombres cultos de la oligarquía, que unía, al entonces Coronel Perón con el Pueblo, lo que hizo que se pudiera, de la nada, constituir en un partido político electoral que triunfara en las elecciones y desarrollara un proyecto político transformador capaz que marcar un antes y un después en el devenir histórico.

Y, frente a la figura de Perón, contra lo que su figura expresaba, se alinearon todas las fuerzas tradicionales y convencionales de la República de entonces. Todos los partidos políticos tradicionales, todas las organizaciones empresariales, todas las universidades, toda la prensa; todos bajo la dirección de la embajada norteamericana. El antiperonismo, nación junto con el peronismo.

No había dudas: el poder “real” no estaba con Perón… he ahí el significado político del 17 de Octubre, en este punto radica su identidad y su trascendencia histórica.

Y en esta génesis, en esta característica fundacional de nuestro movimiento, como fenómeno antagónico al poder oligárquico, al “establishment” de aquel momento, encontramos también el significado real de la definición del peronismo como “el hecho maldito del país burgués” que tan brillantemente esbozara John Wlliam Cooke en uno de sus escritos.

Lealtad de los humildes


Todos los años, el 17 de octubre, el Justicialismo festeja no sólo el Día de la Lealtad Peronista, (reencuentro del Líder con su pueblo), sino, además, el momento histórico que marcó un punto de inflexión en la historia política, social y cultural de toda una Nación.

Aquella recordada fecha de 1945 nos traslada a los momentos en que la gente común, el “populacho”, los “cabecitas negras”, “los descamisados”, se hicieron oír por primera vez en la historia argentina. Marca, por primera vez la presencia del Pueblo de la Nación en la historia argentina del Siglo XX.

El 17 de octubre no es una fecha cualquiera. Significa el hecho más importante de nuestra Argentina democrática contemporánea. A partir del 17, se inicia una historia distinta en Argentina, una historia que ya no podrá nunca más evitar la participación del Pueblo en la construcción política de la Nación.

No sólo se festeja el nacimiento de un movimiento, inclusivo, abarcativo, universal, no dogmático, sectario ni excluyente, profundamente democrático; se festeja también el arribo del Pueblo a la Plaza de Mayo, para hacerse escuchar, clamar por su líder y expresar su repudio a un sistema político-económico-social.

Es el día donde se construye un lazo político y emocional inquebrantable entre el peronismo y los más humildes, una lealtad que ha soportado más de 70 años y que hoy lo sigue convirtiendo en la única fuerza política y social con potencial revolucionario en nuestra patria.

Relatos de aquel día: La Patria sublevada


Se han escrito miles y miles de páginas sobre esta gesta del Pueblo, hemos elegido dos textos para esta nota. El primero de ellos es un escrito de Raúl Scalabrini Ortíz, considerado el más representativo de los testimonios históricos escritos al respecto.

Este documento que presentamos aquí, además de tener un intrínseco valor histórico posee además un alto valor literario e incluso poético y consideramos que, su lectura reflexiva es realmente ineludible:

“Es increíble y hasta admirable el poder de persuasión y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de octubre de 1945, el coronel Perón fue destituido y encarcelado. El país azorado se enteraba de que el asesor de la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con la ignominia de su propio nombre. El Ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio Iturbe, director de los Ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de un personero. El Ministerio de Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de la Cade, entidad financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos kilovatios.

La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.
Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recurso de las frases con que hace muchos años nos estigmatizó al escritor Kasimir Edschmidt. ‘Nada es durable en este continente’, había escrito. ‘Cuando tienen dictaduras, quieren democracias. Cuando tienen democracia, buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón, lo hubieran aniquilado’.

Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El desaliento húmedo y rastrero caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso, porque nuestro pueblo era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo de mi tierra que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la realidad.

Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pingües, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.

Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajios y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.

Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.”


Igualmente, destacamos un texto Leopoldo Marechal (extraído del libro: “La Jornada del 17 de octubre”, compilado por Fermín Chávez). Lo compartimos a continuación, también por su poesía, su profundidad política y su enorme comprensión del proceso social entonces en marcha:

“Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:

Yo te daré/
te daré, Patria hermosa,/
te daré una cosa,/
una cosa que empieza con P/
Perooón.

Y aquel ‘Perón’ resonaba periódicamente como un cañonazo.

Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista”.




La jornada

Aquél 17 de octubre de 1945, tuvo gestiones previas desde la detención del Coronel Perón, los gremios se debatían en la fecha en que realizarían un paro y movilización para pedir por la liberación del líder que había sido trasladado desde la Isla Martín García al Hospital Militar. La fecha elegida fue el 18 de octubre, sin embargo, el impulso de los delegados y la ansiedad y decisión popular de actuar cuanto antes, terminó desbordando y anticipando aquella decisión y precipitando el acontecimiento histórico que conmemoramos.

De igual manera, luego de la jornada del 17, en que Perón habló con su pueblo, el 18, los gremios realizaron un paro total de actividades, alentados por el propio Perón en la noche del 17.

Otros acontecimientos relacionas al 17 de octubre

Los hitos que se mencionan a continuación también tuvieron lugar un 17 de octubre, pero de años posteriores al hecho fundante del Movimiento Nacional Juticialista:

1950: Desde los balcones de Casa Rosada, el Presidente Perón, enuncia las 20 Verdades Peronistas.

1951: En el último 17 de octubre que vería Evita, el secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), José Espejo, le impone la Gran Medalla de la Lealtad Peronista, en grado extraordinario.

1951: Se inaugura la Televisión Argentina.

1953: El Presidente Perón, desde los balcones de la Casa Rosada, enuncia los postulados de la Tercera Posición.

1963: La dictadura permite la realización de un acto donde se escucha un mensaje de Perón en que anuncia su regreso al país antes de finalizar el año. Al finalizar, los participantes del encuentro fueron brutalmente reprimidos.

Vigencia del peronismo


El Movimiento Nacional Justicialista sigue con una potente vigencia en nuestros días, como fuerza transformadora, democrática, que lucha y trabaja por la Justicia Social, la Grandeza de la Patria y la Felicidad del Pueblo argentino. Esa vigencia y esa permanencia en la historia, a pesar de la violencia sufrida por el pueblo peronista, es obra de la tenacidad de la militancia y la fuerza del mensaje de Perón y Evita en la conciencia y el corazón del pueblo Argentino.

Desde el Partido Justicialista de Entre Ríos, celebramos esa Lealtad con la Doctrina y con el Legado de Perón y Evita, saludamos a todos los peronistas y peronistas en este día y adherimos a las actividades que se realizan a lo largo y ancho del territorio provincial en conmemoración del Día de la Lealtad.