16 DE SEPTIEMBRE DE 1955: GOLPE DE ESTADO CONTRA EL PRESIDENTE PERÓN

El golpe de Estado liderado por las Fuerzas Armadas derrocó finalmente al gobierno de Juan Domingo Perón, finalizando uno de los períodos más prósperos que ha tenido el pueblo argentino. En los días siguientes, distintos levantamientos tuvieron lugar en forma simultánea en diferentes localidades de la Argentina. La autodenominada “revolución libertadora”, sembró el terror e instauró el germen que posibilitó la nefasta dictadura cívico militar de 1976.

El 16 de septiembre de 1955, inició el golpe de Estado contra el gobierno constitucional del Juan Domingo Perón, logrando finalmente dar fin el período de gobierno democrático que transformó para siempre el escenario político y social de la Argentina y posibilitó el avance de las clases trabajadoras y las mujeres hacia la conquista de sus derechos y el acceso a una vida digna.

El bando golpista se conformó inicialmente con unas pocas unidades del Ejército y la Fuerza Aérea y prácticamente la totalidad de la Marina de Guerra. La operación contó con el apoyo de los partidos políticos mayoritarios de la oposición y de la Iglesia, cobijando numerosos comandos civiles que actuaron junto a los militares rebeldes.

Finalmente, tras una semana de cruentos combates el golpe triunfó, con un saldo de más de 150 víctimas mortales.

El ataque al gobierno legítimo se llamó a sí mismo, paradójicamente, “revolución libertadora” y fue el primero de una serie de dictaduras cívico-militares que vivimos, los argentinos, durante muchos años.

El 18 de septiembre la Escuadra de Mar, a cargo del almirante Isaac Rojas, llegó a la altura de Pontón Escalada y lanzó su ultimátum: si Perón no renunciaba, bombardearían la ciudad de Buenos Aires y la destilería de petróleo de La Plata. Para demostrar que su decisión era definitiva, ordenó el bombardeo de la destilería de Mar del Plata, destruyéndola.

El general Perón, Presidente de la Nación, ante las amenazas de bombardeo de bienes de la Nación y población civil, ya con el antecedente de los bombardeos en Plaza de Mayo que habían costado tantas vidas inocentes, presentó su renuncia y, al pedir asilo y serle concedido, se trasladó a la cañonera “Paraguay”. No volvería a su Patria por casi veinte años.



El gobierno de facto tomó medidas drásticas:

Disolución del Congreso

Intervención de los gobiernos provinciales

Intervención de la CGT

Intervención de la totalidad de los sindicatos

Intervención de la Universidad

Disolución del Partido Peronista

Cesantía de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia

Constitución de la Comisión Nacional Investigadora

Secuestro y desaparición del cadáver de Eva Perón

Devolución de los depósitos bancarios a la banca privada

Liberación de los precios

Congelamiento de los salarios

Se derogó la Constitución del 49

Se sancionó el decreto ley Nº 4161 que prohibía nombrar a Perón y a Evita, utilizar sus fotos, decir “peronismo”, “peronista”, “justicialista”, “tercera posición”, cantar la marcha peronista.

Se encarceló a los diputados y senadores que habían aprobado los Planes Quinquenales por “traición a la Patria”.

Se llegó a fusilar a 33 hombres, civiles y militares, que al mando del general Juan José Valle habían intentado un golpe revolucionario con el fin de restituir la democracia.

Se expuso el guardarropas de Evita en la Residencia Presidencial

Se destruyeron los monumentos, estatuas, libros, revistas que tuvieran referencia a Perón o a Evita.

Se liquidó el IAPI

Se cerró la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón

Se devaluó el peso

Se produjo el ingreso al Fondo Monetario Internacional

Se tomaron empréstitos que dieron comienzo a la deuda externa

Con respecto a nuestro país, la consecuencia del golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 fue que se pasó de un gobierno progresista que había logrado una verdadera revolución sin sangre, sin deuda externa, con pleno empleo, con una industria pujante, con la participación de los trabajadores en el 50% del Producto Bruto Interno a un país endeudado, dependiente, devaluado; se truncaron todas las posibilidades de desarrollo, la desocupación fue creciente, con una vuelta atrás en lo que hacía a los derechos sociales.

En nombre de la libertad solamente restauraron sus privilegios.

Con respecto al Peronismo, el gobierno de facto intentó por todos los medios, aterrorizando, encarcelando y asesinando, acabar con el Movimiento y con el recuerdo amoroso de Perón y de Evita.

El objetivo del golpe era abrir las puertas a todos los negocios imperialistas y disciplinar a la clase trabajadora a través de la pérdida de todos los derechos conquistados en la etapa previa.

La participación extranjera



Estados Unidos participó en todos los golpes de estado en Latinoamérica que se dieron pos segunda guerra mundial hasta la década del 70. El objetivo fue ganar más influencia y poder en la región. Guatemala (1954), Argentina (1955, 1966, 1976), Ecuador (1972), Uruguay (1973), Chile (1973), entre otros.

Si bien, la cara visible del golpe fueron las Fuerzas Armadas, con la intervención de la embajada norteamericana metida desde el principio, hubo también otros poderes participando activamente: los empresarios, la Sociedad Rural, la Iglesia, los medios de comunicación y partidos políticos como la Unión Cívica Radical. El Partido Comunista y el Partido Socialista apoyaron la salida del gobierno de Perón al que habían estado enfrentados desde el 17 de octubre de 1945.

El intervencionismo estadounidense en la política latinoamericana es un hecho probado, al igual que su hipótesis de que esta parte del continente americano representaba el “patio trasero” el país del norte. Sin embargo, también hubo otras lecturas que indicaban que el verdadero actor tras las sombras fue Inglaterra. Sobre esta hipótesis escribió Fermín Chávez, en una nota publicada en Revista Primera Plana Nº 507, el 13 de septiembre de 1973, bajo el título “La cuarta invasión inglesa”. Artículo que reproducimos a continuación:

La contrarrevolución de 1955 no fue gestada en 1954. No nació con el negocio petrolero iniciado con la Standard Oil, ni en el conflicto con la Iglesia argentina. La confabulación venía tomando cuerpo desde la segunda mitad de 1950 y principios de 1951, a través de los trabajos que realizaban en el ejército Pedro Eugenio Aramburu, Luis Leguizamón Martínez, Benjamín Menéndez, Eduardo Lonardi y José F. Suárez.

Si el movimiento peronista y su gobierno tuvieron fuertes enemigos internos, no es menos cierto que los hubo mayores en el exterior. El principal, entre éstos, era un imperio en decadencia, pero un imperio al fin. Inglaterra, puesto que de ella hablamos, iba a jugar sus cartas con maestría y sin esos movimientos bruscos que delatan a los carteristas novicios. En este sentido, la Argentina de 1955 fue la carpeta de juego en que los legos debieron enfrentar, con desventaja, a los fulleros.

La revolución peronista hirió sensiblemente a las minorías oligárquicas y a la burguesía del país, pero también perjudicó ostensiblemente a los intereses británicos, que a la postre se unirían con quienes les ofrecieran la más segura posibilidad de revancha. Si es verdad que sancionó a los Bemberg, es cierto también que lesionó duramente la esfera de influencia de los británicos.

En un olvidado artículo periodístico, de 1957, Juan Perón señaló que la llamada “revolución libertadora” trajo la cuarta invasión inglesa. “Ante la incredulidad de propios y extraños –escribía-, nacionalizamos, comprando y pagándoles, los transportes, puertos, teléfonos, silos y elevadores, frigoríficos, servicios de gas y energía, el Banco Central, creamos la Flota Mercante, que llegó a ser la cuarta del mundo, y dimos al país transportes aéreos. Industrializamos la Nación facilitando la instalación de industrias pesadas. Asimismo, fabricamos gran cantidad de maquinarias y automotores. Así logramos la independencia económica, arrojando por tercera vez al invasor británico”. En otro párrafo del texto que estamos rememorando decía Perón: “Nuestra economía justicialista les resultó desastrosa. Sirva un ejemplo: en textiles y afines importábamos de Inglaterra por un valor de 100 millones de dólares anuales. En 1954, esa cifra se redujo a medio millón anuales. Como último bastión, le quedaba nuestro mercado comprador de petróleo. Inglaterra nos vende combustible por valor de 350 millones de dólares por año. Nuestro gobierno había firmado ad referéndum del Congreso de la Nación, un “contrato de locación de servicios” con la Standard Oil de California. Por éste, la compañía norteamericana se comprometía a explorar parte de nuestro subsuelo y extraer el petróleo que hubiera, el que debía ser entregado en su totalidad a YPF para su comercialización”.

Es posible que los ingleses hayan hecho el cálculo de la pérdida que el cambio de política petrolera significaba para ellos, y que decidieran intervenir, contando como contaban con fuertes aliados en la marina de guerra argentina. Los hechos parecen dar entera razón a estos asertos. El viaje de Milton Eisenhower a la Argentina, registrado en el invierno de 1953, indicó el principio del cambio en cuanto a relaciones internacionales. En menos de dos años el cuadro varió visiblemente. El 26 de mayo de 1955 el profesor Silenzi de Stagni dio su famosa clase contra el proyecto de contrato petrolero, que tanto impresionó a los jefes de las Fuerzas Armadas. El 31 de agosto la comentó el periódico Die Welt, de Hamburgo, sobre la base de una síntesis enviada por su corresponsal.

El grupo Bemberg, símbolo de toda una época de la Argentina librada al apetito de los consorcios internaciones, se convirtió en el enemigo más enconado e intrigante de Perón. Los misteriosos “accionistas franceses” de la Cervecería Quilmes no se quedaron quietos y acrecentaron la propaganda antiargentina en el exterior. Al grupo Bemberg se agregó en 1951 el grupo Gainza Paz, estrechamente ligado a la UP y a la SIP, cuando el movimiento expropió La Prensa y lastimó a la oligarquía en dos de sus mucosas más sensibles: el bolsillo y el orgullo de clase.

Finalmente en la consolidación “moral” del frente antiperonista interno jugaron un papel importante las logias masónicas y otras agrupaciones típicas de la burguesía antinacional.

No nos han vencido



A pesar de la maraña de intereses y actores anteriormente descripta, no sólo dispuestos a derrocar y proscribir a Perón, obligándolo al exilio, sino también decididos a desaparecer al Movimiento Nacional Justicialista, el peronismo resistió y volvió a ser gobierno cada vez que hubo democracia en la Argentina.

El mayor éxito de la autotitulada “revolución libertadora” fue plantar y hacer crecer el germen para los golpes de Estado del 66 y del 76, dar lugar a una larga noche que preparó el horrendo genocidio perpetrado por la última dictadura cívico militar en nuestro país, al comenzar con las desapariciones de personas, los asesinatos a sangre fría y dar los primeros pasos en la implementación del terrorismo de Estado.

Sin embargo, el Peronismo, en sus diferentes manifestaciones, siguió adelante como un Movimiento lleno de vida, de fuerza, tumultuoso, abarcador, generoso, con una inmensa vocación de unidad y un compromiso inclaudicable con la causa del pueblo. Una fuerza transformadora que llega hasta nuestros días y continúa siendo una alternativa real de gobierno, nacional, popular, autóctona y genuina.

Capaz de convocar a todas las fuerzas nacionales detrás del eterno objetivo de la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social para la grandeza de la Patria y la felicidad del pueblo argentino.


Fuentes: elhistoriador.com.ar; jdperon.gov.ar