26 DE ENERO DE 1972: EL PARTIDO JUSTICIALISTA RECUPERA SU PERSONERÍA JURÍDICA

Tras el golpe de 1955 y el exilio de Perón, el peronismo fue proscripto, sus símbolos fueron prohibidos y los militantes perseguidos, asesinados o encarcelados. Se naturalizó un estado de ilegalidad y falsa democracia, hasta que la lucha popular obligó al poder cívico militar a retomar los cauces de la institucionalidad y la libertad.

El golpe del ´55, perpetrado por la autodenominada Revolución Libertadora, no sólo tuvo como objetivo derrocar a Perón y hasta intentar su asesinato, sino también borrar al peronismo del escenario político y social de la Argentina. Al exilio obligado de Perón, le siguieron los fusilamientos, las persecuciones, el encarcelamiento de militantes y la prohibición de la participación del Movimiento Nacional Justicialista en la vida democrática nacional.

La proscripción alcanzaba, según los textos que buscaban darle legalidad a la prohibición, los “elementos de afirmación ideológica o de propaganda peronista” y también estaba prohibido nombrar a Perón o a Evita, hacer uso de los símbolos partidarios, y hasta tener retratos de Perón y Evita, como así también entonar la marcha partidaria.

Esa situación se naturalizaba en los medios de comunicación y de ella se beneficiaba todo el arco opositor al peronismo, especialmente los radicales en sus diferentes vertientes, llamadas “Intransigente” o “Del Pueblo”, que participaban del simulacro de democracia yendo a elecciones donde unos de los partidos mayoritarios no tenía representación y su líder tenía prohibido pisar el país.

Sin embargo, esa situación provocaba el reclamo y la manifestación popular que se sobreponía a la represión permanente. Las protestas sociales obreras y estudiantiles de finales de la década del 60 y comienzo de los setenta, las sucesivas “puebladas” que se produjeron desde el Cordobazo en 1969 hasta mediados de 1972, obligaron a las Fuerzas Armadas y sus aliados civiles a producir una apertura política destinada al restablecimiento de la democracia bajo control militar. Esto implicaba permitir al peronismo poder participar de las elecciones.

El 26 de enero de 1972, el Partido Justicialista, como expresión electoral del Movimiento Peronista, volvió a obtener su personería jurídica y comenzar el retorno a la legalidad.

Primero se reconoció al Partido Justicialista en la Capital Federal. Luego la justicia electoral extendió esa personería política al justicialismo para todos los distritos del país. En febrero se comenzó a trabajar para consolidar la estructura partidaria, formando las distintas conducciones provinciales y perfilando el camino de las candidaturas. Al año siguiente, la victoria electoral del peronismo superó el 60% de los votos.