23 DE DICIEMBRE DE 1951: MUERE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO

Es uno de los poetas populares y letristas de tango más importantes de la Argentina. Amigo de Perón y Evita; dio vida a Mordisquito, personaje que marcó una época en la que se definió abiertamente por la defensa de la Revolución Justicialista. Esto último le costó el repudio y los ataques de la oposición, lo que terminó de desgastar su salud.

Hijo de un músico italiano llamado Santo Discépolo, y de Luisa Deluchi, el 27 de marzo de 1901 nació Enrique Santos Discépolo. Cursó sus primeros estudios en el Colegio Guadalupe, de Salguero y Paraguay.

La vida lo golpeó de pequeño, en 1906 murió su padre y en 1910 su madre, por eso dijo: “Tuve una infancia triste. Yo nunca pude decir aquello de ‘cachurra monta la burra’ ni hallé atracción alguna en jugar a las bolitas o a cualquiera de los demás juegos infantiles. Vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo. A los cinco años quedé huérfano de padre y antes de cumplir los nueve perdí también a mi madre”.

Tania, el gran amor de su vida, dijo en un reportaje, sobre la niñez de Discépolo: “No había jugado nunca, ni a las bolitas, ni tuvo una bicicleta, porque estaba con unos tíos muy ricos que lo vestían de payaso todos los días... Le ponían el esmoquin, la corbatita para cenar y eso a él le dolía mucho. Enrique empezó a jugar y a hacer cosas de chico cuando me conoció. Nunca tuvo una bicicleta. No porque fuera pobre..., es al revés”.


Con la muerte de sus padres, Enrique y su hermano, Armando, se separaron. El primero fue a vivir con unos tíos que tenían un buen pasar pero que eran muy estrictos a la hora de conducir la vida de Enrique, lo cual fue muy duro para él.

Dejó el colegio religioso y terminó los estudios en un colegio estatal, pero su vida pegó nuevamente un vuelco cuando su hermano contrajo matrimonio y lo llevó a vivir con él. Enrique comenzó a disfrutar de una libertad que no conocía y estableció amistades que forjaron su vida. Allí se definió por el arte y comenzó a nutrirse de los arrabales porteños.

La Semana Trágica, la Crisis del ’30, la Década Infame y la crisis en Europa, marcaron hondamente la conciencia de Enrique que trasladó esas vivencias al arte con letras y poemas inmortales que trascendieron su propia coyuntura.

Logró hacerse camino. Gardel grabó su tango “Yira yira”, en 1930. Cuando el peronismo llegó al poder, Discépolo ya era un artista consagrado, también como actor y director de cine. Siempre mantuvo un fuerte compromiso con las clases populares, cuyos padecimientos y dolores comprendió.

Sobre Yira yira, expresó: “Ese tango nació en la calle, precisamente, me lo inspiraron las calles de Buenos Aires, el hombre de Buenos Aires, la rabia de Buenos Aires. Yo no escribí esa canción con la mano. La padecí con el cuerpo. Quizá hoy no la hubiera escrito porque los golpes y los años serenan. Pero entonces tenía veinte años menos y mil esperanzas más” (…) “Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esta manera estoy más cerca de ellos y traduzco ese silencio de angustia que adivino. Use un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan y ríen sin moldes”.

Su relación con el peronismo

Discépolo ya tenía simpatía por Perón, la cual se acentuó luego del 17 de octubre de 1945. Nunca había asumido posiciones directamente políticas pero siempre había tenido una enorme sensibilidad y compromiso con los desposeídos, los que sufrían.

Según el relato de Tania, Discépolo conoció a Perón en Chile cuando era agregado en la embajada argentina. Cuando Perón fue nombrado en la Secretaria de Trabajo y Previsión comenzaron a verse con asiduidad llegando a forjar una amistad que también se extendió a Evita
Mientras los trabajadores accedían a derechos impensables unos años antes, la pequeña burguesía empezó a acumular rencor porque debían compartir los restaurantes, los teatros, los cines y los lugares de veraneo con los obreros de distintos lugares del país.

Gran parte de las relaciones de Enrique provenían de esa clase media que lo empezó a mirar con desconfianza y, luego, abierta enemistad por su posicionamiento político.

Discépolo siguió componiendo, le puso letra a “El Choclo” y poco tiempo después compuso “Cafetín de Buenos Aires”, una de las obras más importantes de la música popular argentina. Su amistad con Perón y Evita se fue haciendo cada vez más estrecha y visitaba seguido la Casa Rosada o a la quinta de San Vicente.

El 11 de julio de 1951 comenzó su etapa en el programa radial “Pienso y digo lo que pienso”, que defendía la Revolución Nacional y denunciaba el papel del opositor que desde la clase media criticaba al gobierno. “Antes no había nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez… y vos no decías ni medio, vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien, ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí, pero tenés razón, no hay queso... Vos, el mismo que estás preocupado porque no podes tomar té de Ceylán... y durante toda tu vida tomaste mate”, cuestionaba desde el micrófono.

Discépolo desnudaba como nadie esa mentalidad que creía que su ascenso social era producto de su habilidad profesional individual y no de las condiciones favorables del país, por lo que rechaza compartir el espacio con el obrero.

Su colaboración en la radio le ganó una infinidad de adhesiones, pero también muchas enemistades de gente a los que Discépolo criticaba en sus programas.

Cada una de las conquistas del peronismo fue defendida desde ese programa radial con una lucidez y claridad que muchas veces el propio peronismo no podía encontrar en su propaganda política. La incorporación de “Mordisquito”, creado por el propio Discépolo, le dio anclaje a la emisión y ese sobrenombre pasó a ser el suyo.

Junto a su popularidad se dio el aumento de la hostilidad en su contra. Sufrió la incomprensión de muchos que incluso habían sido amigos y que se alejaron por su adhesión al peronismo. Los antiperonistas no perdieron oportunidad de hacer saber su repudio a la posición del Discépolo. Hasta el candidato presidencial de la UCR, Balbín, lo citó en un discurso para criticarlo.

Así como fue despreciado por la oposición, fue amado por el pueblo peronista y trabajador. Luego del triunfo en las elecciones del 11 de noviembre de 1951, los manifestantes que habían ido a festejar a la Plaza, se dirigieron a su casa para saludar y reconocer su parte en aquél resultado electoral.

Poco tiempo después, Discépolo visitó a Perón en la Casa Rosada, y le anunció que pensaba irse del país. A pesar de la ferviente adhesión al gobierno no podía soportar el agravio y la amenaza constante a la que fue sometido.

“Negar que he deseado ser querido, sería una impostura. Lo he soñado, lo he padecido y lo sufro con agrado. Siempre he deseado que me quisieran, aunque esta aspiración no conduzca jamás a buenos resultados comerciales, ni traiga aparejada una libreta de cheques. Pero mi capacidad fraternal es tan sincera, de tan sencilla buena fe, que soy de los que quieren, sin discriminar, a la guía telefónica entera. Quiero a los que me saludan y quiero hasta a los que me estafan...”.

El 23 de diciembre de 1951, en vísperas de Nochebuena, comenzó a sentirse mal, un fuerte dolor en el pecho lo obligó a acostarse, un síncope paralizó su corazón. Lo acompañaban Tania y su amigo Osvaldo Miranda, al rato llegó Aníbal Troilo. La noticia se esparció por la ciudad, había muerto. Fue velado en SADAIC, donde una gran cantidad de amigos y admiradores concurrieron. También Perón pasó por allí para despedirse de su amigo, el gran poeta popular, Enrique Santos Discépolo.