2 DE DICIEMBRE. "A 53 AÑOS DEL FRUSTRADO INTENTO DE RETORNO DEL GENERAL PERÓN"

Hacía ya algunos años que Perón se encontraba en España y pasaba días a miles de kilómetros de su amada Patria, Argentina.
Para entonces la CGT había ya superado la intervención impuesta por la revolución fusiladora desde 1955. Comenzaba, entonces, la segunda etapa de su Plan de Lucha para recuperar los derechos de los trabajadores, perdidos desde entonces... (CONTINÚA AL PIE DE LA FOTO)
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Comenzaron tomando aproximadamente unas 1.200 fábricas, que tras varias etapas llegan ocuparse en un total de 4.200; eran 1.150.000 trabajadores en lucha.
En este marco, el general comienza a dar las primeras muestras de su intención de retornar al país.
• Primero mediante mensajes,
• Luego a través de dirigentes justicialistas como Juan Luco y Ruperto Godoy quienes declaran a la prensa que el líder de los trabajadores volvería con el objetivo de servir a la pacificación nacional.
• Las defecciones de algunos dirigentes, así como también las tensiones en el Movimiento Obrero con la ascendente figura de Augusto Timoteo Vandor y su confrontación con sectores tales como el encabezado la lealtad y lucha del textil Andrés Framini, fueron otros de los probables incentivos que tuvo para acelerar el operativo.
• La presencia de un Gobierno débil en términos políticos como el de Arturo Illia y los rumores de asonadas militares (sobre todo del sector Colorado del Ejército) fueron también razones para considerar.
Un mensaje grabado, dejaba escuchar al general Perón diciendo: “El tiempo no ha pasado en vano. Los plazos se han cumplido. Sin embargo, con el empeño y el sacrificio de todos, aun podemos salir delante de la grave encrucijada en que nos encontramos, pero todas las soluciones comienzan en la unidad de todos los argentinos seriamente preocupados y comprometidos en una colaboración y cooperación que debe estar por sobre toda pasión o interés mezquino (…) Pensando en todo eso, he decidido regresar al país, presintiendo que puedo influir en la pacificación y unificación del pueblo argentino, contribuyendo a reconstruir la unidad nacional(…)”
Tras una serie de nuevos mensaje y movimientos locales que daban por verdadera la intención del regreso, dijo el general: “Cuando dimos la noticia de mi regreso, lo hicimos precisamente para ver cómo reaccionaban unos y otros, porque para conocer a un cojo, lo mejor es verlo andar. Veremos ahora como se emparejan las cargas y se condicionan las circunstancias”.
El efecto de esta serie de mensajes fue el deseado por Perón: en conjunto con los comunicados y solicitadas de todas las fuerzas políticas anti peronistas, comienza un re florecimiento de la movilización política peronista. En primer lugar, el General organiza la comisión de los llamados popularmente “cinco grandes” integrada por Framini, Carlos María Lascano, Iturbe, Delia Parodi y Vandor, quienes se encargarían del operativo retorno.
En octubre de 1964 el general envía un nuevo menaje: “Espero que sea el último 17 de octubre que pase alejado de ustedes, porque mi decisión de retorno es irrevocable, no solo porque lo anhelo, sino también porque el destino del país impone la necesidad de terminar con la ignominia del odio, para dedicarnos a su pacificación, punto de partida imprescindible para su reconstrucción, así regresaré, agotando las instancias para que sea con tranquilidad. Pido a la Providencia que no sea necesario hacerlo en otra forma, aunque ya no será ni mi culpa ni la del pueblo”. Ese año el 17 de octubre se reunieron 70 mil peronistas en Plaza Once. Durante la desconcentración se produjo bajo una violenta represión policial ordenada por Illia.
A pesar de los múltiples recaudos que la comisión organizadora del retorno toma para la ejecución del plan, las filtraciones y versiones no tardan en aparecer. Los distintos diarios comienzan a circular que efectivamente Perón ha dejado España en la Madrugada del 2 de diciembre de 1964 en un avión de la aerolínea española Iberia, específicamente en el vuelo 991. Para ilustrar algunas de las mencionadas precauciones, bastan recordar las palabras que Framini le brindaría diez años después a la revista Noticias: “Cuando salimos de Puerta de Hierro, para venirnos en la Operación Retorno, el General tuvo que esconderse en el baúl de un coche, para que no lo vieran los custodios. Después, tomamos el avión. Perón venía con una metralleta, los otros que traíamos armas éramos Jorge Antonio, un paraguayo y yo, nadie más”.
Iturbe mencionaría más tarde al diario La Nación sobre los inconvenientes con el resguardo de la información relativa al operativo, acusando delaciones que no permitieron el total secreto y, por ende, el ocultamiento a la opinión pública.
Cuando el avión aterriza en Rio de Janeiro, las novedades no son buenas. El Gobierno brasilero ordena a los pasajeros el descenso del avión a excepción del grupo que se trasladaba junto al General, y tras una demora de dos horas de negociaciones se los traslada a una dependencia militar del aeropuerto. La urgencia del gobierno del Brasil por devolver a Perón enfrenta otro obstáculo, esta vez biológico. La empresa Iberia no disponía de una tripulación que hubiera descansado lo suficiente, lo que haría exceder las once horas reglamentarias de servicio para tripulantes en caso de pretender utilizar a la misma tripulación proveniente de Madrid. La Cancillería del Brasil intenta ante este inconveniente hacer que Perón regrese en un avión de Air France, pero la compañía francesa exige un documento firmado por múltiples autoridades brasileras antes de realizar una maniobra a todas luces poco frecuente.
Perón se dirige a los jefes del operativo y les dice: “No hace falta que molesten a la tripulación, nos damos por detenidos”.
Finalmente, se decide que la tripulación de Iberia “disfrute” de su descanso reglamentario antes de partir nuevamente hacia Madrid. De mala gana, el Comandante del vuelo Jorge Arango envía un cable a la casa matriz de Iberia con el siguiente contenido: “Autoridades brasileñas no permiten el vuelo Río-Montevideo. Exigiendo que regrese directamente Río-Madrid, horario normal con pasajeros de primera clase, embajada España ordena regrese con pasajeros Río-Madrid, horario 22:15”.
Por si quedan dudas sobre el origen de la orden de detener el avión, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil divulga un comunicado en el que deja claro el panorama:
“Atendiendo a la solicitud efectuada por el gobierno argentino y dentro del más elevado espíritu de colaboración existente entre ambos países, el gobierno brasileño estuvo de acuerdo en interrumpir en Río de Janeiro el viaje que el señor Juan Perón realizaba en avión de Iberia. El señor Perón regresó a Madrid el mismo día de su arribo y en el mismo avión que le condujera a este país”.
De manera bizarra, el canciller argentino Miguel Ángel Zavala Ortiz, afirma en declaraciones a la prensa que “el viaje de Perón respondió a un propósito netamente subversivo”. La palabra subversivo suena extraña en boca de Zavala Ortiz si recordamos que tuvo participación directa en el bombardeo de Plaza de Mayo en junio de 1955, en el que murieron centenares de inocentes.
Illia, quien al comienzo de su gobierno había mostrado algunos gestos hacia el peronismo, no es menos hipócrita que su canciller cuando afirma que: “el regreso del general Perón era solo cuestión del señor Perón”. Nuevamente, la dirigencia política no peronista mostraba su doble discurso: había elecciones, pero el líder de principal movimiento político del país no podía volver a su patria, ni mucho menos presentarse a elecciones. Así por instrucciones y pedidos de Arturo Illia y Zavala Ortíz.
Que maravillosas palabras fueron las del general Perón ante este impedimento:
“No hemos fracasado. Al contrario. La operación ha constituido un triunfo. Hemos demostrado nuestra decisión de volver a la Argentina por la vía más pacífica. La actitud inaudita del gobierno brasileño ha impedido que llegáramos, pero puedo asegurarle que el peronismo triunfará. El gobierno de Brasil, presionado quizás por grandes potencias que no desean mi retorno, concretamente por Estados Unidos e Inglaterra, ha contribuido a frustrar mi intento. Lo que han hecho es un acto de piratería”… “supe luego, por las publicaciones emanadas de Argentina y Brasil, que estas dos democracias pentagonianas eludían la responsabilidad por el atropello cometido en el Galeão: Brasil declaraba por su cancillería que mi detención y rechazo había sido por expreso pedido del gobierno argentino, en tanto que le canciller Zavala Ortiz manifestaba a la prensa internacional que no había mediado pedido alguno. Pero nosotros sabíamos de donde había partido la orden porque, a renglón seguido, el Secretario del State Department hacía llegar una felicitación al gobierno brasileño por la hazaña que acababa de realizar. Y este es el ‘mundo libre’”… “mi imposibilidad de regresar se debe a la conspiración internacional, dirigida y orquestada por los imperialismos dominantes, con el concurso de los países en manos de usurpadores entregados y entregadores de sus pueblos”.



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