19 DE SEPTIEMBRE DE 1968

J.W.Cooke SE INTEGRA AL COMANDO CELESTIAL
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Tras una larga lucha contra una de las dictaduras más sangrientas de la historia, que se proponía-entre otras cosas- terminar con el movimiento peronista, luego de haber logrado escapar a los enemigos contra los que se enfrentó con acción y con ideas, el representante de Perón y responsable del Movimiento Nacional Justicialista durante su exilio, falleció luego de sufrir un cáncer de pulmón el 19 de septiembre de 1968.
Meses atrás se había gestado el Cordobazo, importante gesta promovida por obreros, estudiantes y activistas, que lograron desestabilizar la dictadura de Onganía.
A Cooke no le alcanzó con dejar sus escritos, sus discursos, su participación como combatiente en la Revolución Cubana, sus aportes esenciales para la comprensión del imperialismo y su impulso a la Resistencia Peronista. No le fue suficiente con haber transitado por casi todas las cárceles del país, y haber sido uno de los hombres más buscados en aquel período nefasto.
Tampoco con haberse constituido en uno de los militantes con mayor influencia sobre el General Perón, a quien intentaba convencer, a través de su correspondencia, de que debía ser quien encarara el proceso definitivo por la emancipación social en nuestro país. Su esencia revolucionaria lo obligaba siempre a comprometerse más y más con la causa liberadora.
Y así fue hasta que la muerte lo encontró en plena actividad.
La urna con sus restos materiales fue rescatada por Carlos Lafforgue, del departamento de Alicia Eguren -compañera de Cooke, asesinada durante la dictadura del 76- y conservada intacta hasta nuestros días.
En su testamento Cooke afirmaba que: “viviría como recuerdo, durante el tiempo que me tengan en su memoria las personas que de veras me han querido; y en la medida que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana me perpetuaré en la obra de los que continúen esa militancia”.
A décadas de su partida, su voluntad fue cumplida y las cenizas fueron esparcidas en el Río de la Plata, donde su hijastro, Pedro Catella Eguren y Carlos Lafforgue se encargaron de depositarlos.
Su ejemplo, sus palabras, sus sueños e ideas siguen presentes en su monumental obra, que dejó para siempre una marca en la historia de nuestro pueblo.
Lo que él llamaba nuestro “drama americano” no fue resuelto: la injusticia, la opresión y la explotación siguen vigentes. No obstante, la dictadura no logró borrar su figura, que continúa viva en la lucha incansable contra el sistema. Como enseñara el intelectual peronista: “En la lucha contra el régimen llegaremos más pronto a la unidad, forjada en la acción: dentro del régimen nos esperan sólo frustraciones y derrotas, y pequeños triunfos que serán desastres”.
EL TESTAMENTO DE COOKE
21 de agosto de 1968
Querida Alicia
Ya a punto de ser operado, deseo establecer algunas indicaciones, disposiciones y directivas que, lamentablemente, pertenecen a lo macabro, pero creo mejor consignarlas expresamente.
1) En caso de que mi estado se agrave y entre en coma, debes ocuparte de que bajo ningún pretexto ni artimaña se me acerque personal eclesiástico, monjas, etc., se intente suministrarme sacramentos, exorcismos, etc. La prohibición incluye a los sacerdotes que sean amigos personales. Comprendo que, ya que al fin y al cabo para mí carece de importancia todo ritual, algunas personas que me quieren piensen que exagero las restricciones. Pero es que deseo mantener intacto mi “buen nombre y honor” de ateo y materialista consecuente, y no deseo confusiones, leyendas sobre arrepentimientos “in extremis” y otras fábulas producto de la propaganda (y a veces de la buena intención) de la gente.
2) En caso de muerte, todo lo anterior se aplica con el mismo rigor, aunque he tomado disposiciones – con tu participación – que espero obvien dificultades:
a) donación de mis ojos, de mi piel, etc.
b) gestiones en trámite para donar los restantes órganos y, si es posible, todo lo que reste de mi cuerpo
3) Si lo anterior fuese factible, cumpliría un doble objetivo: ya que no he podido, por medio de una muerte heroica, contribuir a la solución revolucionaria de nuestro drama americano, al menos podré ayudar a resolver algún problema individual, servir para la práctica de los estudiantes de medicina, etc; y al mismo tiempo, quedaría eliminado el problema de disponer de mis restos mortales, con el consiguiente alivio en materia de velorio, entierro, etc.
4) Pero como la burocracia y la imbecilidad del orden establecido son infinitas, es previsible que surjan inconvenientes para una liquidación drástica y completa del cadáver y por lo tanto debo plantearte lo que corresponde según las diversas hipótesis
5) No sé si el velorio es algo inevitable. Si pudiere evitarse, mejor, pues sabes lo que opino de esa ceremonia de cuerpo presente, coronas y demás elementos de mal gusto.
Si, además, puede prescindirse del entierro, mejor que mejor. No pretendo que mis restos tengan que ser llevados en un paquete y en colectivo, pero sí que sólo recurras algo más funcional, críptico y des protocolizado: nada de pompas fúnebres, ceremonias, solemnidades, etc. Por razones de fondo, estéticas y también económicas, pues mi tendencia al despilfarro no alcanza a lo post-mortem, o sea, que me irrita pensar en gastos de pompa y circunstancia para satisfacer costumbres y vanidades que ofenden mi racionalismo y sentido de lo elegante
6) En fin, ya llegamos, de una y otra manera, a la última etapa de esta planificación necrológica. Si no fuese posible disponer integralmente del cadáver por medio de la donación y hay que hacerlo de otra manera, entonces que lo cremen.
Y que las cenizas no se conserven ni se depositen: dispérsalas poéticamente al viento, tíralas al mar (transo con que las tires al Río de la Plata; lo mismo da cualquier otro río y aún una laguna). Yo viviré, como recuerdo, durante el tiempo que me tengan en su memoria las personas que de veras me han querido; y en la medida que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de los que continúen esa militancia. Así que no deseo que queden ni vestigios de lo que fue, por un breve intervalo de tiempo, un complejo fisiológicamente organizado como ser viviente.
7) A riesgo de machacón, reitero: durante las tramitaciones que demande lafinalización de mi existencia como cuerpo, aplica con el máximo rigor mis prohibiciones sobre exhibiciones religiosas ni personal religioso donde estén mis restos, ni cruces ni escapulario, etc.
8) Por separado, dejo varias notas que presumiblemente, puedan ayudarte a cumplir con estas disposiciones.
John Cooke